jueves, 24 de febrero de 2011

Dibujo como meditación, los espacios negativos


Felipe Ballén





















                                                                                         Santiago García

                                                                              Adrian Montoya          
      


El poeta John Keats escribió que para entender la poesía es necesario ponerse en un estado mental especial, al que Keats llamaba «capacidad negativa». Describió este estado como aquél en el que una persona «es capaz de estar en la incertidumbre, el misterio, la duda, sin buscar ansiosamente los hechos y la razón.» 
El hombre adquiere conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea por medio de sus sentidos. A partir de los estímulos que recibe a través de ellos  descubre, organiza y recrea la realidad, adquiriendo conciencia de ella por medio de la Percepción. Este tema es tan fundamental para el arte que constituye su propia esencia.  El análisis de esta visión normalmente se realiza sobre un plano, donde caben representadas las formas de un mundo material o imaginado, de otras dimensiones que las propias de la superficie que las contiene. Este fenómeno, que presenta un continente menor que el contenido, es un permanente desafío que aborda resueltamente el artista de todos los tiempos. En el campo del dibujante se producen los más tensos conflictos, ya que su actividad se extiende no sólo a la percepción de las formas del espacio sino que ha de representarlas mediante códigos convincentes sobre el plano. Se mueve en el continuo dilema del conocimiento racional de los objetos y la captación visual de los mismos; entre representar las cosas "como son" o como "se ven", entre la presentación de estímulos y sensaciones, y los resultados obtenidos por la percepción.



  
  

Una vez emprendido el camino siempre existe la sensación de que en el próximo dibujo veremos mejor, captaremos más verdaderamente la naturaleza de la realidad, expresaremos lo inexpresable, encontraremos el secreto detrás del secreto. Tal como dijo el gran artista japonés Hokusai, aprender a dibujar es una tarea que nunca termina.
Habiendo logrado pasar a un modo nuevo de ver uno puede encontrarse profundizando en la esencia de las cosas, una forma de conocimiento que tiende al concepto Zen del satori, tal como lo describe D.T. Suzuki en sus textos. Al adquirir una mejor percepción se adopta un nuevo enfoque de los problemas, se corrigen viejos errores, se suprimen los estereotipos que enmascaran la realidad y nos impiden ver con claridad.

                   El Zen del dibujo. Seeing&Drawing as meditation,Frederick Frank.

domingo, 20 de febrero de 2011

Bitacora I. Dibujos preliminares



























Antes de empezar: dibujos de rostro, figura humana y objetos que indican las preferencias, aptitudes y preocupaciones de los estudiantes al iniciar el curso.

Al contrario de lo que generalmente se piensa, el dibujo no es una disciplina reservada a la capacidad genial de unos cuantos privilegiados, no es tampoco la habilidad que se deja totalmente a la mano como instrumento de expresión, y no es, en fin,  la agrupación de imágenes reiteradas que la tradición a convertido en esquemas vulgarizados que se repiten incesantemente carentes ya de sentido.

El dibujo es un campo del conocimiento, que lleva al artista cuando está en este territorio a situarse en un plano de reflexión diferente, haciendo como decía Baudelaire, que el artista se interese de diferente manera en la definición de la obra según predominen los valores analíticos o poéticos. El dibujo es un área que sobrepasa el ámbito del discurso artístico para instalarse en un marco más amplio de referencia. El dibujo se establece siempre como fijación que enlaza con todas las actividades primordiales de expresión y construcción vinculadas al conocimiento, a la descripción de ideas, las cosas y a los fenómenos de interpretación basados en la explicación de su sentido por medio de su configuración.